Por Pablo Morales Marchán/ CUBAtoday
La Habana,6 de Diciembre de 2014.- Los
cambios suceden en todos los procesos de
la vida e incluso en la naturaleza misma de la cuál formamos parte.
Factores endógenos y exógenos modifican
con celeridad o lentitud el estado de la materia,independientemente de nuestra
conciencia.
Hemos aprendido a retardar algunos y
acelerar otros, pero lo que nunca podremos es detener de manera permanente
estos procesos.
Lanzarse al mar en una aventura
temeraria, en condiciones a veces paupérrimas en pos de la consecución de un
sueño de libertad y de realización.
Migrar desde el campo a la ciudad dentro
del país,sin dinero, trabajo,familia o amigos,pelear en guerras ajenas ,o
cumplir misiones gubernamentales de todo tipo en países distantes y cercanos.
Sobrevivir en un país en el que todo es
delito,hasta decir la verdad,donde comer decente se convierte casi en una
misión imposible a riesgo de ir preso y cuando menos pagar una multa que supera
un sinnumeros de veces el salario promedio más alto en dependencias estaduales.
Donde llevar un negocio legal es más
dificil que llevarlo clandestino,poniendo en riesgo todo el tiempo lo más
preciado, la vida o la libertad física, es señal de que algún grado de valentía existe en los cubanos
aunque las motivaciones personales sean diversas.
Entonces,A qué diantres le teme el cubano
que habita en la isla?,que después de más de cinco décadas no articula un
conjunto de acciones cívicas de alcance nacional que CAMBIE el statu quo.
Enorme contradicción ocurre cuando
emigran al exterior,y se adaptan a las dinámicas de las sociedades a las que se integran sin mayores
traumatismos visibles,incapaces en suelo patrio de lograr ese mismo plan de
vida.
Hay una visión de túnel en el imaginario
popular de que las cosas en Cuba no se pueden cambiar.No acaban de concientizar
de que el poder es nuestro,el pueblo cubano como fuerza rectora puede y debe
cambiar el tan disfuncional sistema que sufrimos.
Nuestras necesidades nos obligan a
interactuar de manera acelerada y evitar dejarle como legado a las nuevas
generaciones este castigo que no merece nadie,ni nosotros mismos por nuestra
acción tardía.
Evitar el
autodestierro de las fuerzas laboralmente activas y listas para
recalificarses debe ser prioridad en los planes de los demócratas cubanos.
Si la ley de ajuste cubano premia nuestra estampida,(aún a
los que no han hecho nada para merecerlo)y los que estamos luchando por el
cambio no nos unimos,estaremos asistiendo a los funerales de la gerontocracia,
sin tener verdaderos líderes para asumir el nuevo gobierno.
Ni empresas estatales,ni extranjeras
invirtiendo en la isla,por falta de profesionales en todas las esferas
productivas, tan competitivos que eviten la importación de trabajadores de
otros países y lleguen a un número considerable de residentes permanentes y
refunden el país con otros inmigrantes.
Entonces sería otra historia y otro
país,si los que ahora estamos dentro y afuera no nos ponemos las pilas.
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