Por Pablo Morales Marchán/ CUBAtoday
La Habana, 31 de octubre de 2014.- Dice un
sabio refrán, ¨ la sangre pesa más que el agua¨.
He tenido diferencias con mis padres,
especialmente con mi fallecido progenitor. Todo era por negarme al
adoctrinamiento castrista del que fué víctima toda su vida. Duele que un ser
querido no respete tu forma de ser y tu forma de pensar.
Los años debieran traer la sabiduría, pero
la vida me ha demostrado que no, que hay muchos que se aferran a un dogma, como
a una tabla de salvación o como una forma de encubrir sus mediocridades, perdón
sus incapacidades y además de eso hacerlo extensible a los demás para no
parecer la excepción, sino la regla.
Ese igualitarismo conveniente del
totalitarismo, herramienta de dominación de las masas sumidas en afrenta y
oprobio, para expoliarla de manera vitalicia y culpar a otros de sus
calamidades, de torcer el desarrollo nacional hacia el bolsillo personal sin
ningún ápice de vergüenza, ni moral.
Esa demagogia gobeliana,
ese insulto permanente al sentido común, ese ultraje a la condición humana y
sobre todo esa hipócrita humildad de los que detentan el poder, hace de estos
regímenes autoritarios un capitulo triste y bochornoso en la historia de la
inhumanidad.
Por eso no culpo a mi padre, el luchó por
lo que le hicieron creer. Su condición de campesino pobre (vivió mejor en el
capitalismo que en el castrismo) unido al violento adoctrinamiento, lo
convirtió en un soldado fundamentalista de los castro.
Lo que da pena es la cantidad de
profesionales sumisos, cobardes, y oportunistas que se dejan utilizar por los espurios
intereses de la gerontocracia militarista.
Ya sea como represores de todo tipo,
delatores y como mano de obra esclava que pone en riesgo su vida y desatiende a
su familia a cambio de unas monedas y una pacotilla de mierda que en otro
tiempo fue considerada por la maquinaria ideológica castro comunista como ¨divisionismo
ideológico¨.
En Cuba hay mucha complicidad desde
adentro y desde afuera. Dos locos no pueden gobernar un país a su libre albedrío y anular a los demás, a
no ser que hayan convertido a la isla en un gigante manicomio o en un circo
barato de tercera.
En la época post castro hay que
reconstruirlo todo. Constructores y siquiatras tienen tremenda pincha (trabajo)
por hacer. El futuro les pertenece.
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