martes, 4 de noviembre de 2014

Nunca fui enemigo de mi padre

Por Pablo Morales Marchán/ CUBAtoday
La Habana, 31 de octubre de 2014.- Dice un sabio refrán, ¨ la sangre pesa más que el agua¨.
He tenido diferencias con mis padres, especialmente con mi fallecido progenitor. Todo era por negarme al adoctrinamiento castrista del que fué víctima toda su vida. Duele que un ser querido no respete tu forma de ser y tu forma de pensar.
Los años debieran traer la sabiduría, pero la vida me ha demostrado que no, que hay muchos que se aferran a un dogma, como a una tabla de salvación o como una forma de encubrir sus mediocridades, perdón sus incapacidades y además de eso hacerlo extensible a los demás para no parecer la excepción, sino la regla.
Ese igualitarismo conveniente del totalitarismo, herramienta de dominación de las masas sumidas en afrenta y oprobio, para expoliarla de manera vitalicia y culpar a otros de sus calamidades, de torcer el desarrollo nacional hacia el bolsillo personal sin ningún ápice de vergüenza, ni moral.
Esa demagogia gobeliana, ese insulto permanente al sentido común, ese ultraje a la condición humana y sobre todo esa hipócrita humildad de los que detentan el poder, hace de estos regímenes autoritarios un capitulo triste y bochornoso en la historia de la inhumanidad.
Por eso no culpo a mi padre, el luchó por lo que le hicieron creer. Su condición de campesino pobre (vivió mejor en el capitalismo que en el castrismo) unido al violento adoctrinamiento, lo convirtió en un soldado fundamentalista de los castro.
Lo que da pena es la cantidad de profesionales sumisos, cobardes, y oportunistas  que se dejan utilizar por los espurios intereses de la gerontocracia militarista.
Ya sea como represores de todo tipo, delatores y como mano de obra esclava que pone en riesgo su vida y desatiende a su familia a cambio de unas monedas y una pacotilla de mierda que en otro tiempo fue considerada por la maquinaria ideológica castro comunista como ¨divisionismo ideológico¨.
En Cuba hay mucha complicidad desde adentro y desde afuera. Dos locos no pueden gobernar un país  a su libre albedrío y anular a los demás, a no ser que hayan convertido a la isla en un gigante manicomio o en un circo barato de tercera.

En la época post castro hay que reconstruirlo todo. Constructores y siquiatras tienen tremenda pincha (trabajo) por hacer. El futuro les pertenece.

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