Por Pablo Morales
Marchán/ CUBAtoday
La Habana, 3 de
noviembre.-En un ómnibus P-5 que va desde la Habana Vieja a Marianao, en la Habana, 15 hombres
van sentados, mientras una afrocubana adulta mayor viaja de pie visiblemente
cansada. Cargaba una bolsa de lona que parecía tener todos sus años dentro.
Sólo una mujer
joven y blanca se ofreció a cederle el asiento en el transporte colectivo y el
que ella amablemente rechazó. Pudo ser la Rosa Parks cubana, discriminada no
solo por racismo, sino por la ausencia de valores humanos en una sociedad
hipócrita y degradada..
Un policía acusó de desacato a un joven afrocubano llamado
Giovanni, de 28 años de edad en el
parque central en la Habana Vieja, el sábado primero de noviembre porque lo
sorprendió intentando orinar detrás de un banco del citado lugar.(En todo el
lugar hace años no existen baños públicos, solo en hoteles y restaurantes diseñados para extranjeros.)
Lo interpeló de manera obscena y dió lugar a una reacción de este, contenida
por otro amigo que andaba con él, (y que está de visita en el país) tan cubano
y tan negro como el otro, solo que tiene residencia italiana hace varios años. Este último no fue detenido.
Ese mismo policía y
en el lugar de marras, dos días después
arrestó a un hombre blanco frente a su mujer y a su pequeño hijo, porque
este último jugaba en la escalinata del monumento a José Martí.
La mujer del
arrestado vociferó y formó un ¨show
público¨ en contra del gendarme, por el trato a su esposo y el no llamarle la
atención a una pareja de extranjeros que sí estaban sentados hacía rato en el
muro perimetral del monumento.
El mismo día y
temprano en la mañana una obesa y desaliñada agente del orden interior junto a
otra vestida de civil (que no paraba de ajustarse un jeans a la cadera donde le
colgaba un walkie talkie que parecía más un arma de fuego que un radio) detuvieron
a un contrariado ciudadano cubano por el solo hecho de estar sentado donde se
apoyan los antebrazos en los bancos de piedra del lugar.
Acusado de ¨Indisciplina social¨ lo enviaron a la
estación policial sita en Dragones y Zulueta del capitalino municipio de Habana
Vieja, después de este, despotricar en contra de estas funcionarias por tan
injusto proceder.
Todo esto pasa
todos los días y en todos los lugares de Cuba. Un Estado policial que amedrenta
a sus ciudadanos, con una inmensa fuerza policial en las calles, patrulleros,
motos, perros, cámaras de vigilancias, agentes
represores vestidos de civil,
¨informantes revolucionarios¨ escuchándolo todo y corriendo a informarlo a sus
¨anónimos jefes¨.
Añádase a esto un
sistema carcelario que explota a los presos pagándoles una miseria por trabajos
duros a los que ellos llaman ahora ¨internos¨ y a los que pretenden reeducar en
un mundo presidiario y corrupto, donde el que era aficionado del bajo mundo
sale profesionalizado y asociado a un grupo mayor delincuencial.
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