Por Pablo Morales
Marchán/CubaToday
La Habana,20 de
octubre de 2014.-El régimen de la Habana(que por cierto, la mayoría es del
Oriente del país)ha estado jugando a la defensiva todo el tiempo.
Han sido mayormente
respuestas coyunturales, no se atreven a dar pasos adelantados, porque su
rígido y ya no tan hermético sistema se ha contaminado de globalización y
tecnologías de la información que pueden dar al traste con el casi feudo
militarizado, y ahora para evitarlo abogan por comprar voluntades dentro y
fuera del país.
Están entregando
ciertas cuotas de poder económico, para no perder el mando político y así
mantener al menos el mayor dominio posible dentro de las nuevas circunstancias
nacionales e internacionales.
Negocian por
separado con el generalato y sus tecnócratas, una parte de sectores ahora pro
oficialistas (antes no tolerados y reprimidos) como los grupos religiosos, la
comunidad LGTBI (lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales) los
otrora artistas e intelectuales parametrados y una diáspora ora desmemoriada,
ora oportunista, ora agentes de inteligencia cubana.
En oposición está
la Sociedad Civil Cubana Independiente, con el logro de haber establecido
mecanismos de denuncia, no solo en los medios extranjeros y en la internet,
sino también en Foros internacionales tributando información a los llamados informes Sombra
que desmitifican y combaten la gran
farsa gubernamental en la isla.
Sin embargo no se
avanza con la velocidad necesaria para salir de la órbita gravitacional
castrista por el lastre que se arrastra
al no saber concertarse estrategias de conjunto entre los diferentes grupos y
Partidos no legalizados en el país.
Intereses propios o
de grupos, un supuesto liderazgo sobre la base de tener mayor visibilidad
mediática, un insuficiente trabajo de base de divulgación de proyectos y
plataformas políticas hacia adentro de la sociedad cubana, un artero accionar
de la contrainteligencia castrista dividiendo e intrigando contra los
demócratas.
Un exilio que
condiciona la ayuda a la causa exigiendo el cumplimiento irrestricto a su
agenda personal, sin tener una visión dinámica de la realidad cubana in situ,
una prensa independiente que denuncia sin tapujos al régimen, pero maniatada
para criticar a la disidencia por malas prácticas en su accionar, so pena de
ser acusados de trabajar para los castro.
Son todas estas
razones y otras la que le quitan protagonismo a los que decidieron enfrentar al
sistema imperante en Cuba, que cada vez disimula menos la represión e intenta
justificarla con estadísticas de que hay países que reprimen más que ellos,
olvidando que son los mismos en el poder hace más de 50 años, algo insólito en
el mundo en que vivimos.
Para ganar una
contienda hay que ser previsor y adelantarse, correr riesgos y tener planes
sustitutos, desarrollar una inteligencia emocional para saber lidiar con cada
nueva circunstancia que se presente.
No se teoriza sobre
el tema cubano, se acciona objetivamente, el tiempo está en contra de un liderazgo
que no se consolida, mientras los victimarios que detentan el poder se
oxigenan, mutan y cambian de hospedero sin rubor alguno, sin ética.
Son amorales, oportunistas, delincuentes de alto nivel acostumbrados a
una cierta impunidad que los protege momentáneamente y que no les exige
fidelidad, sino complicidad consciente de que si caen los de arriba, ellos
también caerán.
Ellos no pueden
apropiarse del mérito de los cambios en la nación, porque ellos no ceden por
voluntad propia, actúan condicionados por la presión internacional alimentada
de la lucha de los demócratas que dejan bien claro lo que pasa en Cuba.
Los que quieran ser
cómplices de los castro asuman su desvergüenza y su oportunismo, los que son
portadores de valores democráticos verdaderos, únanse a nuestra lucha que solo
terminará su primera etapa cuando instauremos un Estado de Derecho en la isla
grande del mar Caribe.
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