Por Pablo Morales Marchán/ CubaToday
La Habana, 24 de octubre de 2014.- Si el neoliberalismo en Latinoamérica resultó malogrado, fué por la debilidad institucional en estas naciones, que trajeron consigo una corrupción galopante producto del nepotismo de las oligarquías nacionales opuestas a la globalización y a la libre competencia.
Entonces como respuesta la seudo izquierda subyacente, contenida en los años 70s, 80s y 90s por dictaduras militares, emergió de manera oportunista, teñida de rojo populismo como panacea al descontento de las masas hambreadas e ignoradas por los gobiernos antecesores de las parcelas del subcontinente Sudamericano y de Centroamérica.
Los ideólogos de la gran falacia mal llamada ¨revolución cubana¨, quimera de los pueblos latinos de América, (que intentaron exportar el modelo dictatorial mediante movimientos insurgentes en el área) cambiaron de estrategia para buscar una legitimización mediante las urnas y con promesas futuras y paquetes de asistencia social emergieron líderes fabricados para la ocasión al final de siglo XX.
Lo primero que hacen estos advenedizos (siguiendo el manual castrista) es acabar con la libertad de prensa, cambiar la constitución de sus respectivos países para entronizarse en el poder, desnaturalizando los pocos vestigios democráticos que existían, formando bloques económicos y políticos con sus mentores.
Facilitan la entrada a las Américas a países ajenos a los intereses geopolíticos económicos del continente, solo para que respalden sus regímenes y evitar integrarse con naturalidad a dos de los países más desarrollados y democráticos del orbe, los Estados Unidos de América y Canadá.
Los hermanos castro y compañía no solo han destruido la isla de Cuba y a los cubanos, sino que intentan venderla a precio de remate, después de acumular grandes fortunas en cuentas bancarias en el exterior, además de intentar expandirse en el tercer mundo con sus doctrinas.
Su familia y su séquito quieren negociar con aquellos que consideraron por mucho tiempo sus enemigos y quieren sellar diferencias entregándole la isla para que no tomen represalias con sus descendientes biológicos y políticos por sus crímenes.
Sin palabra, sinvergüenzas, sin moral, estos hermanos caradura, nacidos en Birán, viraron el curso de desarrollo económico de la mayor de las islas caribeñas y la sumieron en una inopia espantosa que llevará tiempo reconstruir en todos los órdenes.
Pero no con ellos en el poder, donde los gestores sobrevivientes de ese nefasto sistema tendrán que pagar por crímenes de lesa humanidad, para entonces poder empezar a hablar de democracia y un verdadero Estado de Derecho.
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