Por Pablo Morales Marchán/CubaToday
La Habana, 31 de mayo de 2014.-Las dictaduras se sostienen por complicidad de algunos círculos de poder internos y externos que se confabulan en ciertos países, donde hay debilidad institucional y no existe un Estado de Derecho.
Cuando estos mismos sistemas, producto de su disfuncionalidad colapsan bajo la presión del activismo cívico nacional e internacional surgido de la necesidad de instaurar una democracia,-única forma de gobernar y lograr estabilidad y desarrollo verdaderos- estas dictaduras se vuelven más violentas en sus finales.
A los sobrevivientes, a la gran masa que se libera de tan profano modo de gobierno, les toca conciliar intereses y poner manos a la obra en la reconstrucción de lo que quede y con los que queden aptos en el suelo nacional, además de la diáspora interesada en regresar y contribuir al proceso de restauración con recursos de todo tipo y mejor educación democrática.
Lo que no es posible soslayar es con cuánta complicidad cuentan estos regímenes para su permanencia en el poder, por oportunismo de ciertos sectores que pactaron acuerdos tácitos desde antes, durante y después, frenando durante un tiempo los verdaderos cambios estructurales, negociando por separado con los usurpadores.
Es tal el caso de Cuba, donde determinados grupos sedientos de protagonismo, en la actualidad hablan de diálogos con el poder e intentan negociar libertades a medias, como algunos miembros de la iglesia católica cubana, opositores que creen que los castro van a sentarse a escucharlos, cierto exilio oportunista que ha vivido de la intención del derrocamiento, pero que solo ha sido eso, y otros que quieren su tajada convenida del pastel cubano con los supuestos sucesores castristas.
Todos estos personajes y personeros aspiran a correr menos riesgos con la gerontocracia que en sus últimos estertores, intenta aterrizar su nefasto proyecto de nación, con el cínico propósito de legarles a sus herederos una gran fortuna familiar, un país en ruinas por reconstruir, sin las garantías de una democracia verdadera.
Tenemos que desintoxicarnos de toda esa inmundicia.No siempre el enemigo está donde creemos, puede estar aparentemente en nuestro bando e incluso dentro de nosotros mismos.
La causa es la protagonista, se le sirve con humildad y determinación o terminamos convirtiéndonos en una pésima caricatura de sociedad civil mendigando algunos derechos, rindiéndoles pleitesías a quién nos oprime, a quién nos desprecia. No hay libertades a medias, o son todas o seguimos haciendo activismo ciudadano.
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