Por Pablo Morales
Marchán/CubaToday
La Habana,24 de
Abril.-Cada día se hace más común ver en el paisaje urbano: mendigos, alcohólicos
y enfermos mentales, no solo deambulando
por las calles, sino durmiendo a cualquier hora y en cualquier lugar
ante la mirada impávida de los transeúntes que circulan por los municipios
capitalinos de Centro Habana, Habana Vieja y 10 de Octubre, principalmente.
El número es
alarmante, y sobre todo porque al juzgar por su apariencia no parecen ser adultos mayores, sino personas
comprendidas dentro del grupo etario de los 30 a 50 años, considerado parte de
la fuerza laboral activa del país.
Piden dinero para
beber a cualquiera, ( mendigos alcohólicos) incluso se han dado casos de
agresión a la ciudadanía por parte de estos sin un aparente motivo, defecan y
orinan en lugares públicos sin recato alguno delante de mujeres y niños, en
parques, áreas aledañas a museos y pernoctan en cuanto derrumbe encuentren en
la ciudad.
Los
afrodescendientes llevan la peor parte y las mujeres están aumentando en cifra
preocupante.
Paralelamente la
presencia policial aumenta con efectivos y recursos de todo tipo, reprimiendo principalmente
los actos de protestas de los miembros activos de la Sociedad Civil
Independiente que proponen de manera
pacífica verdaderos cambios en el país.
Al no ser
escuchados por el régimen cubano, protestan en las calles y son detenidos
arbitrariamente, reprimidos físico y mentalmente y enviados a prisión por
causas comunes como desacato, resistencia y el gran comodín antijurídico
llamado ¨expediente de peligrosidad¨.
Existe una
incertidumbre solapada, pues las llamadas nuevas reformas no alcanzan a
revertir el gran deterioro moral, sicológico y económico de muchos cubanos que
no tienen familia y amigos en el exterior que los ayuden con remesas, y mucho
menos viajar fuera de la isla o comenzar algún tipo de pequeño negocio,
conocido en la isla con el nombre de cuentapropismo.
La desatención de la familia y el Estado, son las principales causas que están incidiendo en este escapismo
alcohólico que está generando un gran daño antropológico, al ser estos (la
familia y el Estado) los responsables directos de la disfuncionalidad de estos
ciudadanos.
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