Por Pablo Morales Marchán/ Cubatoday
La Habana, 20 de Mayo.-Cuanto ha llovido desde que se logró el 20 de Mayo de 1902 el reconocimiento como nación ante el mundo de esta isla mestiza, que desde su génesis sufrió sangre, sudor, lágrimas, látigo y machete.
Los que más ha dolido a los cubanos verdaderos- los patriotas- es con qué facilidad afloran apóstatas que con verbo demagógico violan la virginidad de los hombres y mujeres de buena voluntad.
Hemos creído siempre que nuestro enemigo viene de afuera, que es extranjero y ante esa reacción condicionada saltamos presto al combate. Otros en su servilismo, les dá lo mismo que sea foráneo o del patio a cambio de migajas con las que alimentan su abyecta alma.
Es así como hemos tenido que lidiar todo este tiempo con toda clase de especímenes, a excepción de preclaros que han hecho la diferencia, pero solo comprendidos y venerados cabalmente cuando han desaparecido físicamente y se convierten en historia al que los sátrapas de turno echan garra para legitimar su espurio arribismo.
La negritud solo representada para el sexo turístico, la religión afrocubana transculturizada y el destaque del mérito deportivo y musical como derecho permitido por los falsos blancos cubanos, descendientes de españoles que estuvieron bajo el poder morisco por más de 800 años, es otro lastre mental que margina.
A diferencia de otros lugares, los afrodescendientes cubanos tienen amplia representación ganada en los campos de batalla contra el colonialismo español, formando parte estimable del panteón de los padres fundadores de la nación y sin la debida representación en el poder y de un nivel de vida más próspero desde hace mucho tiempo.
La peor experiencia la estamos viviendo desde hace más de 55 años.
Tantas muertes, tantas traiciones, tantas mentiras y promesas incumplidas, tanto dolor y tanto escapismo de todo tipo, hasta de la propia identidad cubana, son huellas indelebles en la memoria colectiva, que cuando pase toda esta deshonra, nos dolerá- a los que tenemos vergüenza-el no haber hecho lo posible y lo imposible para dar vuelta a este capítulo de terror que no lo justifica nada, ni nadie.
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