Por Pablo Morales
Marchán/ CubaToday
La Habana, 9 de
Mayo.-El régimen totalitario cubano de manera demagógica utiliza las
aspiraciones de sus nacionales en su propaganda oficial, para manipular no solo
la opinión en el país, sino en el mundo para legitimar su permanencia en el
poder por más de 50 años y continuar en él, de manera vitalicia.
No aceptan dialogar
con nadie, detentan todos los poderes y controlan hasta el más mínimo detalle
de la vida privada de los ciudadanos.
Creen tener el
derecho de decidir que come, que lee, que televisión ve, hasta con quién se
relaciona de manera social.
Una imposición que
viene desde la permanente vigilancia, la intimidación y la represión de todo
tipo en aras de que el cubano finja sentido de pertenencia al régimen, y va
desde el condicionamiento para estudiar en la universidad, hasta conseguir un
empleo con cierta remuneración.
Evalúan quién sale
del país y quién entra, que tipo de negocios puede establecer y las facilidades
para practicar su religión si la tuviera, en una grosera intromisión de los
órganos de la inseguridad del Estado que funcionan más como matones del régimen, disimulando muy
bien toda esta represión sicológica, invisible a los ojos de quienes no la
padecen.
Gastan más recursos
humanos, financieros y de todo tipo en mantener el statu quo, conveniente solo
para sus mecanismos de poder y así no tener que dar explicación alguna, obrando
con la mayor impunidad posible.
El cubano tiene
cierta confianza ciudadana mutua, cualquiera puede hacerte una pregunta o
pedirte un favor en plena calle de noche, sin conocerte y sin recelo, pero
cuestionar al gobierno en público implica serias consecuencias al poder estar
en la mira de un policía, agente encubierto, informante o seudo revolucionario
que a cambio de cierta información al régimen obtiene ciertas migajas.
La cultura de la
violencia apuntalada por un supuesto derecho de defender a la ¨Revolución¨
(crímenes de odio) una intolerancia que se convirtió en política de Estado e
inhibe que las personas se muestren tal y como en realidad son en verdad.
No puedo probar que
el régimen castrista ayude al terrorismo internacional, pero lo que sí puedo
probar es el terrorismo de Estado que se practica contra todos los que
disienten del sistema.
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