jueves, 15 de mayo de 2014

El respeto a las diferencias

Por Pablo Morales Marchán/ CubaToday
La Habana, 9 de Mayo.-El régimen totalitario cubano de manera demagógica utiliza las aspiraciones de sus nacionales en su propaganda oficial, para manipular no solo la opinión en el país, sino en el mundo para legitimar su permanencia en el poder por más de 50 años y continuar en él, de manera vitalicia.
No aceptan dialogar con nadie, detentan todos los poderes y controlan hasta el más mínimo detalle de la vida privada de los ciudadanos.
Creen tener el derecho de decidir que come, que lee, que televisión ve, hasta con quién se relaciona de manera social.
Una imposición que viene desde la permanente vigilancia, la intimidación y la represión de todo tipo en aras de que el cubano finja sentido de pertenencia al régimen, y va desde el condicionamiento para estudiar en la universidad, hasta conseguir un empleo con cierta remuneración.
Evalúan quién sale del país y quién entra, que tipo de negocios puede establecer y las facilidades para practicar su religión si la tuviera, en una grosera intromisión de los órganos de la inseguridad del Estado que funcionan  más como matones del régimen, disimulando muy bien toda esta represión sicológica, invisible a los ojos de quienes no la padecen.
Gastan más recursos humanos, financieros y de todo tipo en mantener el statu quo, conveniente solo para sus mecanismos de poder y así no tener que dar explicación alguna, obrando con la mayor impunidad posible.
El cubano tiene cierta confianza ciudadana mutua, cualquiera puede hacerte una pregunta o pedirte un favor en plena calle de noche, sin conocerte y sin recelo, pero cuestionar al gobierno en público implica serias consecuencias al poder estar en la mira de un policía, agente encubierto, informante o seudo revolucionario que a cambio de cierta información al régimen obtiene ciertas migajas.
La cultura de la violencia apuntalada por un supuesto derecho de defender a la ¨Revolución¨ (crímenes de odio) una intolerancia que se convirtió en política de Estado e inhibe que las personas se muestren tal y como en realidad son en verdad.
No puedo probar que el régimen castrista ayude al terrorismo internacional, pero lo que sí puedo probar es el terrorismo de Estado que se practica contra todos los que disienten del sistema.

Puedo, porque soy víctima todos los días de eso, aunque traten de encubrirlo con disímiles artimañas.

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