Por Pablo Morales Marchán/Hablemos Press
LA HABANA, 6 de Enero.-El reformismo raulista es la
adecuación del régimen hacia una mayor competitividad de la producción nacional
para el comercio exterior y que desarrolle al mismo tiempo un mercado interno
que abra el juego a las pequeñas y medianas empresas estatales, así como a la
incipiente iniciativa privada, conocida como cuentapropismo.
El ¨Putinismo caribeño¨ (término acuñado en alusión al
presidente primer ministro de Rusia, Vladimir Putin, notorio por este tipo de
reformas en su país y al contexto geográfico de la isla) pretende mantener la
rígida estructura política existente y una apertura económica para los que
mantengan una fidelidad al castrismo.
La nomenclatura está permitiendo una clase media
emergente, (en realidad es clientelismo político habitual)que genere ingresos y
deje de ser parásita, como parte de su nueva estrategia de supervivencia.
El empresariado extranjero simpatizante del régimen,
cubanos y cubanas casados con estos, nacionales privilegiados con grandes sumas
de dinero enviadas desde el exterior para fomentar negocios y consumo en la
isla, una élite de artistas, deportistas y funcionarios estatales devenidos en
hombres de negocios, y tecnócratas testaferros, entre otros forman parte de
esta nueva ralea.
Se acabó el romanticismo revolucionario de expropiar
(en realidad robar) a los ricos para dárselos a los pobres, el igualitarismo,
la doble moral de simular humildad y sencillez al pueblo, vivir en la opulencia
en secreto, y el ocuparse de los asuntos más importantes
del país.
Se quitaron la careta y ahora se ve de manera cotidiana
a altos oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior con
flamantes y modernos autos rodando por las calles, los hijos de los
históricos(los Comandantes de la revolución) y sus allegados, participando en
eventos de placer y negocios que antes se consideraban de burgueses y
capitalistas.
Grandes mansiones para amantes y amigas, ciudades
militares con toda las comodidades para
su oficialidad más obediente entre un sinfín de prebendas para premiar a sus
más destacados esbirros que se destaquen en reprimir a la Sociedad Civil Cubana
Independiente que luchan a brazo partido por las libertades y el desarrollo de
la nación.
Un modo de vida suntuoso de la élite que acrecienta
ostensiblemente la diferencia con la gran mayoría, reconvirtiéndose de un
Estado Socialista benefactor (solo le queda el nombre) a un Capitalismo de
Estado tercermundista.
Por Pablo Morales Marchán/Hablemos Press
LA HABANA, 6 de Enero.-El reformismo raulista es la
adecuación del régimen hacia una mayor competitividad de la producción nacional
para el comercio exterior y que desarrolle al mismo tiempo un mercado interno
que abra el juego a las pequeñas y medianas empresas estatales, así como a la
incipiente iniciativa privada, conocida como cuentapropismo.
El ¨Putinismo caribeño¨ (término acuñado en alusión al
presidente primer ministro de Rusia, Vladimir Putin, notorio por este tipo de
reformas en su país y al contexto geográfico de la isla) pretende mantener la
rígida estructura política existente y una apertura económica para los que
mantengan una fidelidad al castrismo.
La nomenclatura está permitiendo una clase media
emergente, (en realidad es clientelismo político habitual)que genere ingresos y
deje de ser parásita, como parte de su nueva estrategia de supervivencia.
El empresariado extranjero simpatizante del régimen,
cubanos y cubanas casados con estos, nacionales privilegiados con grandes sumas
de dinero enviadas desde el exterior para fomentar negocios y consumo en la
isla, una élite de artistas, deportistas y funcionarios estatales devenidos en
hombres de negocios, y tecnócratas testaferros, entre otros forman parte de
esta nueva ralea.
Se acabó el romanticismo revolucionario de expropiar
(en realidad robar) a los ricos para dárselos a los pobres, el igualitarismo,
la doble moral de simular humildad y sencillez al pueblo, vivir en la opulencia
en secreto, y el ocuparse de los asuntos más importantes
del país.
Se quitaron la careta y ahora se ve de manera cotidiana
a altos oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior con
flamantes y modernos autos rodando por las calles, los hijos de los
históricos(los Comandantes de la revolución) y sus allegados, participando en
eventos de placer y negocios que antes se consideraban de burgueses y
capitalistas.
Grandes mansiones para amantes y amigas, ciudades
militares con toda las comodidades para
su oficialidad más obediente entre un sinfín de prebendas para premiar a sus
más destacados esbirros que se destaquen en reprimir a la Sociedad Civil Cubana
Independiente que luchan a brazo partido por las libertades y el desarrollo de
la nación.
Un modo de vida suntuoso de la élite que acrecienta
ostensiblemente la diferencia con la gran mayoría, reconvirtiéndose de un
Estado Socialista benefactor (solo le queda el nombre) a un Capitalismo de
Estado tercermundista.
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