Por Pablo Morales Marchán /CUBATODAY
LA HABANA,13 de Abril - El
discurso oficial en Cuba en los últimos tiempos reitera constantemente la
necesidad de destrabar las fuerzas productivas en la isla, condición sin la
cual no es posible elevar los resultados económicos.
Dicho de esta manera pareciera una verdad de
Perogrullo, sin embargo del dicho al hecho va un gran trecho. Ellos nunca
aprendieron nada de administración de economía, ni de los estándares que rigen el comercio a nivel
mundial.
Su maquinaria burocrática ha sido por naturaleza entorpecedora de las fuerzas productivas. Mala planificación,
falta de previsión, y como colofón un falso sentido de pertenencia de muchos funcionarios al frente de las
empresas estatales,han sido el gran lastre que ha sumido en una total
bancarrota a la economía de la isla.
Son malos administradores de los recursos materiales y
de los recursos humanos. Ha primado el interés político por encima del desarrollo de la nación y los pocos recursos que se han generado se dedicaron a políticas fallidas
en lo nacional y a campañas mediáticas y de guerras ajenas en el plano
internacional, entre otros.
Lo peor de todo esto es que no lo reconocen y abogan
por reconvertir a militares en tecnócratas y
a políticos de su nefasta ideología en asesores de economía, reforzando
su permanencia en el poder con la quimera de que ahora si van a lograr el
bienestar y el desarrollo del pueblo cubano.
Están apostando por el capitalismo de Estado, de una
manera cínica. Han permitido la pequeña iniciativa privada para absorber el
excedente laboral producto del
reordenamiento interno y en lo que se ha convertido es en una legalización del
mercado negro que existía anteriormente, sin dar garantías, ni proteger su
crecimiento dentro del marco legal a estos nuevos emprendedores.
Son como la nueva versión del perro del hortelano, donde
ellos sí comen y no dejan comer a los demás. No les interesa verdaderamente el
desarrollo, su politiquería ha sido, es y será el continuismo en el poder como
modo de vida y no como sentido de vida en función de las necesidades crecientes
del ciudadano cubano.
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