Por Pablo Morales
Marchán/CUBATODAY
LA HABANA, 14 de
Abril.-El gran auto robo que el cubano comete al creer que le roba a los Castro,
es la mayor flagelación que se hace a sí mismo.
El Estado debiera
representar y administrar los recursos producidos por los cubanos, pero lo que en
realidad hace es apropiarse de ellos sin el más mínimo sonrojo.
La actitud de no
sentir responsabilidad alguna de los ciudadanos nacionales por la propiedad
social (eufemismo utilizado para designar los bienes materiales de la nación)
valida la apropiación indebida por la cúpula gobernante que decide cómo
repartir a su conveniencia personal.
Para muchos el
Estado son los Castro que organizan, diseñan, distribuyen entre otros y determinan
que se hace con el patrimonio material y espiritual del país.
Toda esta
ignorancia (inducida ex profeso por el régimen imperante) de la ciudadanía
permite actuar al sátrapa y sus acólitos con toda la libertad indebida.
Toda
comercialización de bienes y servicios necesita de proveedores fiables y
permanentes y en Cuba eso nunca ha estado garantizado para nadie. Como parte de
la estrategia de la dictadura de utilizar el embargo de los Estados Unidos para
justificar su ineficiencia debida a su falta de previsión.
Crearon un marco
ilegal por mucho tiempo,(debido a la burocracia sociolista inmovilizadora)para
frenar la iniciativa privada que después de operar clandestinamente y generar
ciertos ingresos, sus emprendedores eran enviados a la cárcel y sus propiedades
decomisadas, sin nadie fiscalizar que destino tomaban estas.
Ahora, frente al
empuje de los nuevos emprendedores, el recorte en las plantillas laborales
estatales y la gran crisis general que vive el mundo, el reordenamiento
económico se impone por la mera necesidad de supervivencia del sistema que muta
cual virus que trata de encontrar un nuevo hospedero para poder replegarse y
seguir siendo el gran parasito que ha sido siempre.