Tania
Díaz Castro
Cierto
es lo que expuso Lázaro Fariñas en una de sus crónicas, un cubanoamericano que
reside en Miami: ¨Parece que los anexionistas cubanos van a seguir existiendo
hasta el final de los tiempos¨. ¿Se referirá el colega al final de los tiempos
del socialismo castrista?
No voy a
hacer un recuento de los prominentes líderes políticos e intelectuales de alto vuelo, que en el
siglo XIX presintieron que la anexión a Estados Unidos, evitaría un futuro
sangriento en la isla cubana.
Las
multitudes que recibieron con alegría y aplausos a las tropas norteamericanas
cuando entraron en La Habana, que desfilaron por sus calles y avenidas y por
último se detuvieron en la Plaza de Armas, están presentes en los libros más
importantes de nuestra historia.
Aquel
domingo 1ro de enero de 1899 fue el día que Estados Unidos tomó el control de
Cuba. Ni una sola voz de toda aquella masa humana, en representación de un
pueblo compuesto por dos millones de habitantes, se mostró inconforme con la
intervención.
La
guerra dejaba un país en ruinas, y a partir de ese día reinó la calma, tal como
lo escribió recientemente el colega Ciro Bianchi. Como lo han asegurado decenas
de nuestros mejores historiadores, la intervención norteamericana resultó de
gran beneficio para Cuba, como también lo sería hoy, dado el estado calamitoso
en que se encuentra nuestro país.
Uno de
nuestros más geniales historiadores, Manuel Moreno Fraginals, se preguntó en
cierta ocasión por qué el movimiento anexionista a Estados Unidos ha
permanecido en la memoria histórica de la nación cubana.
¿Acaso
será –me pregunto- porque un gran porciento de cubanos aún la desea?
En 1840
surgió el Partido Anexionista de Cuba. Se dijo que sus fundadores querían la
anexión para no perder a sus esclavos. Sin embargo, en 1865, cuando Estados
Unidos ya se había convertido en un país antiesclavista, se hizo más patente el
reclamo de la anexión por parte de muchos patriotas.
Incluso
el propio José Martí, al ver que la bandera cubana era la misma que la bandera
anexionista de Texas, en conversaciones con Porfirio Díaz terminó por concebir
la anexión con México. Él prefería que Cuba fuera mexicana. Muchos otros
patriotas la querían anexada a Estados Unidos, el país que era el cuarto
comprador de productos cubanos.
Algo que
callan los historiadores castristas de hoy y que es una verdad insoslayable, es
que en 1868, desde los inicios de la primera Guerra de Independencia,
encabezada por Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, ese grupo
importante de cubanos decidió pedir al
gobierno norteamericano la anexión de la isla, y que Ignacio Agramonte, el
Mayor, el hombre de las acciones brillantes, o como lo llamó Martí: Diamante
con alma de beso, nunca ocultó sus ideas anexionistas, interpretadas por muchos
como ¨sentimientos de una gran pureza, de un gran patriotismo¨.
Hoy,
después de tantos sufrimientos vividos por Cuba en el siglo XX, no creo que sea
traición confesar que la anexión a Estados Unidos, hubiera evitado las causas
de esos sufrimientos: gobiernos corruptos, golpes de estado, insurrecciones
sangrientas entre hermanos y sobre todo una dictadura totalitaria que, durante
más de medio siglo, ha sido la culpable de nuestro atraso económico, de nuestra
atrasada y enferma sociedad, con un saldo impresionante: miles de hombres
fusilados, un comercio floreciente destruido, un exilio de millones de
personas, incontables violaciones a los Derechos Humanos, miles de prisioneros
políticos y el empobrecimiento de la nación.
Por
estas y otras muchas razones, no creo que me vean como traidora, si confieso mi
solidaridad con aquellos que en vez de guerras fratricidas, querían la
prosperidad del país. He luchado
pacíficamente durante años por la libertad y el respeto de los Derechos Humanos
en Cuba, he sufrido prisión por mis ideas políticas, entre presas comunes, he
sufrido durante meses torturas psicológicas en las cárceles políticas de Fidel
Castro, sufro la destrucción de mi
familia, como tantos. Tengo sobradas razones para pensar así.
Me
comprenderá esa gran legión de ex presos políticos que después de haber
cumplido largos años de cárcel, pudieron cobijarse en suelo norteamericano, la
gran mayoría de esos millones de cubanos que huyeron de una dictadura salvaje
que les exigió que se marcharan, si no aceptaban la hoz y el martillo para
continuar destruyendo a Cuba.
Me
comprenderán esos cientos de miles de jóvenes que hoy tienen como único futuro,
escapar de la Isla de Fidel.
Santa
Fe, 20 de octubre 2013
Artículos
a los que se hace referencia:
Los últimos
anexionistas, Lázaro Fariñas, 2 de marzo, 2012, blog martiano.
Así cesó
la soberanía española, de Ciro Bianchi, Juventud Rebelde, 6 de octubre, 2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario