Por: Pablo Morales
Marchan/Hablemos Press.
LA HABANA, 16 de
Septiembre.- En la sociedad cubana la violencia se manifiesta en todos los
órdenes. Unas veces de manera subliminal
y disimulada; otras, más descarnada a nivel verbal, sicológica y física.
La más visible -y
no menos peligrosa- es la practicada por los adolescentesen sus relaciones
diarias cuando se encuentran en la calle, de ida oregreso de las escuelas,
Estos grupos etarios, entre 12 y 17 años
de edad, irrumpen de manera incorrecta en
las plazas, parques y transportes público, incluso cuando están de descanso
durante los fines de semanas.
La estridente
música urbana en todas sus variantes, entre ellas el reggaetón,alimentan una
actitud casi antisocialcaracterizada por el bajo nivel artístico de las letras
de sus canciones, la peyorativa forma en que se refieren al sexo femenino y la
groserarepresentación en que detallan los pormenores de una conducta sexual
irresponsable.
El GeneralRaúl Castro
Ruz en uno de sus recientes discursos reconoció–tardíamente- que en Cuba hay
instrucción en el pueblo,pero no cultura, en el más amplio concepto, y llamaba
alos padres y a las instituciones
oficiales a combatir las ilegalidades y las conductas antisociales para
erradicar este mal de raíz.
La familia, que
según el concepto de la ideología marxista leninista es la célula fundamental de la sociedad, está escindida -ex profeso-
por el régimen, que en aras de su supervivencia exporta militares, educadores, deportistas y técnicos
de la salud, entre otros.
Estos profesionales
trabajan por magros salarios que representan grandes ganancias para el régimen,que
los envía al tercer mundo como parte de su campaña política de ¨altruismo desinteresado¨, llamado
eufemísticamente internacionalismo proletario, pero que no es más que trabajo
de inteligencia militar y adoctrinamiento ideológico.
No hay tiempo para
que la familia se reúna y hable de sus intereses, planes en conjunto,
intercambio de afectos, ayuda mutua y consolidación de valores éticos y
morales. Existe una simulación muy grande y la mentira es práctica cotidiana.
La violencia doméstica
y de género no se queda atrás, y los hechos de sangre y vandálicos ejecutados
por pandillas y hermandades secretas ponen al descubierto una cultura marginal, que
confirma el fracaso del régimen en todos los órdenes de la sociedad.
Debido a la
violencia intrínseca de su intolerancia política,la
dictadura castrista es la menos indicada
para llamar al orden, porque en sí misma ella genera desorden y violación de
los derechos más elementales.
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