miércoles, 18 de septiembre de 2013

La cultura de la violencia


Por: Pablo Morales Marchan/Hablemos Press.
LA HABANA, 16 de Septiembre.- En la sociedad cubana la violencia se manifiesta en todos los órdenes. Unas veces de  manera subliminal y disimulada; otras, más  descarnada  a nivel verbal, sicológica y física.
La más visible -y no menos peligrosa- es la practicada por los adolescentesen sus relaciones diarias cuando se encuentran en la calle, de ida oregreso de las escuelas, Estos grupos  etarios, entre 12 y 17 años de edad,  irrumpen de manera incorrecta en las plazas, parques y transportes público, incluso cuando están de descanso durante los fines de semanas.
La estridente música urbana en todas sus variantes, entre ellas el reggaetón,alimentan una actitud casi antisocialcaracterizada por el bajo nivel artístico de las letras de sus canciones, la peyorativa forma en que se refieren al sexo femenino y la groserarepresentación en que detallan los pormenores de una conducta sexual irresponsable.
El GeneralRaúl Castro Ruz en uno de sus recientes discursos reconoció–tardíamente- que en Cuba hay instrucción en el pueblo,pero no cultura, en el más amplio concepto, y llamaba alos padres y a las instituciones  oficiales a combatir las ilegalidades y las conductas antisociales para erradicar este mal de raíz.
La familia, que según el concepto de la ideología marxista leninista es la célula fundamental  de la sociedad, está escindida -ex profeso- por el régimen, que en aras de su supervivencia  exporta militares, educadores, deportistas y técnicos de la salud, entre  otros.
Estos profesionales trabajan por magros salarios que representan grandes ganancias para el régimen,que los envía al tercer mundo como parte de su campaña  política de ¨altruismo desinteresado¨, llamado eufemísticamente internacionalismo proletario, pero que no es más que trabajo de inteligencia militar y adoctrinamiento ideológico.
No hay tiempo para que la familia se reúna y hable de sus intereses, planes en conjunto, intercambio de afectos, ayuda mutua y consolidación de valores éticos y morales. Existe una simulación muy grande y la mentira es práctica cotidiana.
La violencia doméstica y de género no se queda atrás, y los hechos de sangre y vandálicos ejecutados por pandillas y hermandades secretas   ponen al descubierto una cultura marginal, que confirma el fracaso del régimen en todos los órdenes de la sociedad.
Debido a la violencia intrínseca de su intolerancia política,la dictadura castrista  es la menos indicada para llamar al orden, porque en sí misma ella genera desorden y violación de los derechos más elementales.






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