jueves, 15 de agosto de 2013

Maleconazo, a 19 años del suceso


Por Pablo Morales Marchán/Hablemos Press.
La Habana, 7 de Agosto.-Todavía persisten en Cuba las mismas causas que originaron aquella explosión social espontánea en la Habana en 1994 y que dio lugar a la llamada crisis de los balseros.
La falta de libertades, la asfixia económica, la falta de perspectiva y de un proyecto de nación  con la participación directa de la diáspora cubana (que con su capital financiero y su conocimientos sobre negocios y nuevas tecnologías, insertarían a la isla en los flujos comerciales y crediticios globales del siglo XXI) y como colofón, el empecinamiento de los Castro en mantenerse en el poder a toda ultranza, hunden más al país cada día en la profundidades de un mar de incertidumbres.
El general dictador Raúl Castro intenta retardar de una manera patética los cambios estructurales necesarios en la mayor de las Antillas, implementando fórmulas que buscan aterrizar el destartalado modelo castro comunista que nunca tomó altos vuelos y cada día se entierra más a sí mismo.
Las reformas migratorias y económicas responden a la necesidad del régimen de reubicar dentro y fuera de fronteras a una gran masa laboral excedente como resultado del recorte de fuerzas productivas en el sector estatal y permitir en menor escala a pequeños emprendedores que engendren cierta producción de bienes y servicios que resulten más rentables para el Estado al producirse en el país a un costo inferior y permita reducir las importaciones(principalmente de alimentos) y los subsidios a la población, agobiado por la crisis general económica que vive el mundo actual.
Existe una Oposición pacífica, legítima en sus demandas, que todavía no articula proyectos congruentes que muevan a las masas a ejercer su activismo ciudadano y den al traste con el statu quo.
Hay claridad de pensamiento en algunos representantes de la sociedad civil independiente, percepción objetiva de los asuntos por resolver, voluntad política para emplazar en todas las esferas a la dictadura, pero todavía no se ha creado la conciencia nacional de que los cambios no son solo posibles, sino casi obligados, si queremos existir como nación democrática y desarrollada por nosotros mismos.


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