Por:Pablo Morales Marchán pmmarchan@gmail.com
En tiempos
de crisis, los valores éticos, morales, entre otros se ponen a prueba, no para ostentarlos, sino
para remontar las adversidades sin renunciar
a principios que debieran estar enraizados en la personalidad de cada individuo
según su entorno sicosocial familiar y
comunitario.
Una
verdadera democracia conlleva el esfuerzo y la determinación de muchas personas de bien,a
sabiendas de que toda obra humana es perfectible, no cejan en su empeño de
hacer pluriparticipativo y
congruentes los derechos que le asisten
a los diferentes grupos de intereses de
la sociedad.
La dinámica
de este proceso, implica un diálogo abierto y multidireccional, donde no se
impongan criterios excluyentes, ni acciones definitivas, por lo que la
aprobación de cualquier decisión pasa por la aceptación de la mayoría,
consciente de que nada es
concluyente hasta que la
necesidades generadas por el proceso de perfeccionamiento en general obliguen a
la adecuación de lo antes acordado hacia
nuevos estadíos de desarrollo.
Los
demócratas en cualquier parte del mundo, buscan el equilibrio entre todos los
poderes del Estado (Judicial, Legislativo y el Ejecutivo) y evitan la
intromisión de este en la vida del ciudadano,siempre que el accionar individual
no transgreda los intereses de la colectividad.
Todos
tenemos que aprender, las nuevas generaciones (como un día lo fuimos nosotros)
tienen sus anhelos, sus desafíos y su tiempo de participación en el gobierno de
sus vidas. Ayudar con la experiencia acumulada, siempre respetando criterios,
eleva la valía de la independencia
personal y por consiguiente el potencial
decreación en un espacio proactivo.
Vocación de
servidor público,un gran sentido de la responsabilidad para con sus
conciudadanos y sobre todo una gran convicción de la importancia de lo que se
defiende, eleva la estatura de quién asume voluntariamente el pleno ejercicio
de ser garante de los derechos humanos ciudadanos.

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