La
necesidad urgente de acelerar los cambios
estructurales en Cuba no depende de la voluntad de los hermanos Castro,
ni de sus cómplices, dentro y fuera de la isla por oportunismo histórico.
Tampoco de la ciudadanía que emigra enmascarando las razones verdaderas de su estampida.
Depende de la sociedad civil alternativa cubana, activa y certera en sus
proyectos ciudadanos.
Las
demandas a la dictadura tienen que tener respaldo jurídico tanto en lo
nacional, como en lo internacional. Los objetivos bien claros y que partan de
la base de las necesidades más imperiosa de las cubanas y los cubanos sin caer
en populismo, elevando simultáneamente su participación en las campañas de
educación cívica que harán más consciente y activo a las fuerzas del cambio,hasta llegar a la
masa crítica que desencadene acciones que den al traste con el statu quo.
Hay que
utilizar todos los medios posibles, las nuevas tecnologías de la
información(móviles,memoria flash,CD,DVD
y todo tipo de artilugios que puedan transmitir de manera relativamente
fácil los mensajes de movilización) en una primera etapa de definición como
grupo de interés, luego definir plataforma para después lanzar acciones
concretas donde en puntos convergentes se unan a otras plataformas convocando
la mayor cantidad de personas posibles o en su defecto la simultaneidad en
varios lugares ,que debiliten a las fuerzas represivas,sus infiltraciones y sus
intentos de tratar de deslegitimizar al Movimiento Anti dictatorial.
Si perdemos
tiempo(como lo hemos hecho como movimiento civilista, que ha crecido en calidad
y cantidad, pero no lo suficiente como para enfrentar los grandes desafíos que
tenemos)perderemos esa fuerza pujante que es la juventud que como estrategia
del régimen está enajenada,apolítica y con planes de vida en otras
tierras,pudiendo ser los líderes del mañana. Educarlos en el respeto a los
derechos humanos, el compromiso de preservalo,es el mejor legado que podemos
darle a las nuevas generaciones.
Dejar atrás
protagonismos, rencillas,conflictos personales, reconocer a los líderes por
carisma, capacidad, iniciativa, y compromiso permanente con la causa, evitará
que malgastemos tiempo y energías en temas baladíes.No somos dueños de nada,
mientras en el país desgobierne una tiranía que precisamente se burla de lo
fácil que intriga y divide dentro de
nuestras filas.
Aprendamos
a ser discretos, a compartir la información sensible entre los que deben
saberlo, a no ser inquisidores con nuestros hermanos de causa, a respetar las
diferencias, las de discutir nuestros asuntos a puertas cerradas para que el
enemigo no se aproveche de nuestros errores, a respetar todo modo de lucha
contra el régimen, a no ofender a los que no se suman por incapacidad de
entender el momento histórico, por miedo o por privilegios, a superarnos cada
día culturalmente. Tenemos que ser ejemplo y fuerza rectora para convocar a las
masas, ser pacientes pero perseverantes, esa es la mejor manera de ser
verdaderamente demócrata.
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