lunes, 15 de abril de 2013

La hora de los mameyes.



                Por: Pablo Morales Marchán.  
Expresión genuina cubana, que enuncia el  abrupto desenlace de una situación que está llegando al extremo y reclama por sí misma una solución inmediata.Así están las cosas en Cuba, empeorando día a día por la intransigencia de una cofradía anquilosada en el poder por más  de cinco décadas.
El sistema ha sido parásito todo el tiempo, según soplan los vientos se alían o se desentienden de viejos y nuevos cómplices.No hay independencia alimentaria,ni energética,entre tantas otras. Un país eminentemente agrícola importa más del 80 % de  sus alimentos.La otrora industria azucarera muestra producciones del siglo 19(diecinueve).Siendo una isla, el gobierno desmantela su flota naval mercantil y de pesca,reducen las empresas estatales, pero no el ejército y los aparatos represivos. Permiten una economía de la época pre castrista y no garantizan insumos a los pequeños empresarios nacionales. Les deben a las mil vírgenes, tanto a gobiernos,como a empresarios foráneos que tuvieron la mala idea de negociar con los castro. El enorme subsidio petrolero venezolano está en peligro con la muerte del ex presidente Chávez. El riesgo de invertir en este país aumenta si no se toman las medidas pertinentes.
Están con la soga al cuello o con el agua  al pecho,para el caso es lo mismo,y no acaban de permitir a los que saben y tienen los recursos obrar de buena voluntad, se creen los dueño del país .En realidad lo que tienen es temor a que se abra la sociedad cubana y tanta injusticia y destrucción se los trague. Tienen las manos sucias de todo tipo de podredumbre, siempre escudándose en terceros, intrigando contra los Estados Unidos de América y Europa en pleno contubernio con naciones que solo quieren posicionarse en el área en lo militar y en lo económico.
No pueden controlar la situación, la cobardía de no aceptar su incapacidad,alimenta la debacle. El arte de simulación de ¨sus revolucionarios, se despinta, desertan de  sus filas  cada día, votando con los pies, emigrando hacia cualquier parte del mundo. Una nueva generación enajenada del proceso, con los ojos y la cabeza puesto en otras partes. La población envejece y ya nadie quiere trabajar por los misérrimos salarios que pagan.
Esa es la triste realidad, y parece que se no advierte solución inmediata.Hay un cúmulo inmenso de problemas. Mientras  más se demoren las enmiendas verdaderas, más difícil será la reconstrucción de lo que quede.

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