“Vigilantes vigilados”
Las calles de la
Habana están llenas de cámaras de vigilancias por doquier,
además de los olores fétidos, el gris deprimente de las fachadas desvencijadas
de su patrimonio arquitectónico en general,( con algunas salvedades, de
pequeñas “islas” dentro del “marl” que
corroe a Cuba y a los cubanos),los baches en las calles y los agujeros en la
esperanza de la gran mayoría que habita en esta isla prisión.
El sistema vulnera consciente y constantemente la privacidad
de sus ciudadanos e incluso de quienes están de visita en el país. Alegan razones de seguridad nacional como la perfecta excusa para husmear en lo
más íntimo del ser humano. Con esa información, que vá desde interferir los
medios de comunicación, como correos electrónicos, teléfonos fijos y móviles,
hasta el nivel de las relaciones humanas, chequeadas a través de los Comités de
Defensa de la Revolución ”(CDR),y
los diferentes sistemas de vigilancia secreta con agentes y delatores de todo
tipo, a los cuáles no les asiste derecho legal alguno ,pero actúan impunemente
bajo el manto cómplice de la dictadura castrista. Sus acólitos defienden a ultranza un sistema inoperante
para la gran mayoría, pero para ellos rinde grandes dividendos.
No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista, así
dice uno de los refranes populares más sabios. La dictadura usa toda esa
información para chantajear, desacreditar, herir sensibilidades y manipular
hasta lo indecible, todo para enseñorearse y campear por su irrespeto.
Otra cosa es la memoria colectiva, que no debe olvidar nada,
porque en un futuro no muy lejano tendremos el respeto que merecemos como seres
humanos y los culpables de tantas violaciones, pagarán sus culpas.
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