miércoles, 12 de diciembre de 2012


“Vigilantes  vigilados”
Las calles de la Habana están llenas de cámaras de vigilancias por doquier, además de los olores fétidos, el gris deprimente de las fachadas desvencijadas de su patrimonio arquitectónico en general,( con algunas salvedades, de pequeñas “islas” dentro del  “marl” que corroe a Cuba y a los cubanos),los baches en las calles y los agujeros en la esperanza de la gran mayoría que habita en esta isla prisión.
El sistema vulnera consciente y constantemente la privacidad de sus ciudadanos e incluso de quienes están de visita en el país. Alegan  razones de seguridad nacional  como la perfecta excusa para husmear en lo más íntimo del ser humano. Con esa información, que vá desde interferir los medios de comunicación, como correos electrónicos, teléfonos fijos y móviles, hasta el nivel de las relaciones humanas, chequeadas a través de los Comités de Defensa de la Revolución”(CDR),y los diferentes sistemas de vigilancia secreta con agentes y delatores de todo tipo, a los cuáles no les asiste derecho legal alguno ,pero actúan impunemente bajo el manto cómplice de la dictadura castrista. Sus acólitos  defienden a ultranza un sistema inoperante para la gran mayoría, pero para ellos rinde grandes dividendos.
No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista, así dice uno de los refranes populares más sabios. La dictadura usa toda esa información para chantajear, desacreditar, herir sensibilidades y manipular hasta lo indecible, todo para enseñorearse y campear por su irrespeto.
Otra cosa es la memoria colectiva, que no debe olvidar nada, porque en un futuro no muy lejano tendremos el respeto que merecemos como seres humanos y los culpables de tantas violaciones, pagarán sus culpas.